¡Lo entenderás si alguna vez te cortaste el pelo mucho!

Todas sentimos esos nervios antes de ir a la peluquería. Muchas ni siquiera nos permitimos pensar en ello detenidamente porque si no,… acabaríamos por no ir. Y es que poner tu cabello en manos de un desconocido armado no es fácil.

Voy o no voy

Llegamos a la calle de la peluquería, avanzamos unos pasos, abrimos la puerta, respiramos hondo y,… adelante. Una mezcla de risa nerviosa, nervio contenido y emoción, mezclado con un intento de parecer dignas hace que nos veamos tal que así cuando entramos por la puerta.

Entonces, amablemente te quitan el abrigo y te visten con esa batilla / albornoz, que, por cierto, todavía no conozco a nadie a quien le siente bien,… Es en ese momento, cuando sabes que ya no hay vuelta atrás. Ya no puedes cambiar de idea. Nos resignamos, nos sentamos en esa silla, acomodamos los pies en ese escalón de metal debajo del espejo y nos miramos en el espejo como diciéndonos… ¡que sea lo que Dios quiera! (Entonces recordamos que no vamos a misa desde primaria y nos encomendamos a cualquier Santo, espíritu o superhéroe que nos pase por la cabeza).

Nos alarmamos cuando toman las tijeras y se ponen manos a la obra. “¿Cómo? ¿Ya? ¡Pero si no me ha preguntado cómo lo quiero!”. En el fondo nos auto-convencemos de que nos está atendiendo el más y mejor profesional que había en todo el centro de peluquería. Eso no lo ponemos en duda. Como ya no quieres quedar mal… no puedes salir corriendo. Solo queda tragar saliva.

Por si las moscas

Tú ya tienes preparados todos los pantallazos de instagram y pinterest habidos y por haber. Y si eres previsora te habrás hecho incluso una carpeta a la que tu habrás llamado “Cómo quiero mi pelo” y aún sintiéndote súper original por haber pensado ese nombre, le enseñas todas las fotos que con todo tu amor has guardado para que el señor peluquero tenga todo tipo de detalles sobre lo que quieres.

Te percatas de que las ha visto bien todas y cada una. Te hubiera gustado que las hubiera escudriñado bien con la vista hasta desgastar la pantalla del móvil. Toda atención te parece poca cuando se trata de tu pelo y por lo tanto de tu autoestima para las próxima 4 semanas. Tu felicidad está en manos de este profesional armado y eso te inquieta.

No quiero innovar, gracias.

Entonces el/la peluquero/a en cuestión te anima a ser más transgresora. Te dice que un cortando más por aquí y dando un poco de color por acá levantarás pasiones.. Casi te convence,… ¡pero no!

La diva que hay en ti.

Llega el momento de salir de la peluquería. Y sí amiga, ahora mismo te sientas Beyonce, solo que sin melena. Molas y lo sabes.


Cuando llevas a casa y tu compañera de piso reacciona así,… Y entonces el drama se desata.

Pero demuestras tu dignidad así de bien. No señoras. La cabeza bien alta aunque este fin de semana cancele todas mis citas de Tinder, haga luto por mi melena perdida y devore unos cuantos litros de chocolate. Del de brownie para ser más exactos.

Pero tranquila,  solo te durará una semana, porque volverás a mirar esa carpeta que hiciste con el nombre tan original,“Cómo quiero mi pelo” y en la que invertiste tanto rato buscando en Instagram “cortes de pelo” o “chicapixe” y recordarás por qué quisiste cortarte el pelo.

Eres tan diva que,… que te quiten lo bailao´

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